El mordisco del Pato Azul
Sed de estar un día gris
guardado en un cajón
mientras el frenesí
es preso de tu voz.
Una estafa febril
contigo.
Sangre corre por mi cabeza
como un estigma,
clavado en tus pupilas.
Nado en la herida que me dejó
vacío.
[Puente]
[Cantar sin recibir.
La soledad del castigo,
el tiempo que fui
mensajero del destino;
un cuento de mil
deseos.
Un pasillo de mil salidas
a un nuevo mundo lleno de fantasías
que hacen que verte sea para mí
un delirio.]
{Estribillo}
{Para qué echar mierda, insisto,
insisto.} BIS
Y a mitad de camino
ya van los peregrinos;
sueños robados en un juego de niños,
sierpes de asedio,
conmigo.
Desecho moribundo,
pierdes la compostura
a cada minuto,
la rabia que perdura
a prueba de tus
escudos
[Puente]
{Estribillo}
{Estribillo}+{Solo alucinante de guitarra}
FIN
guardado en un cajón
mientras el frenesí
es preso de tu voz.
Una estafa febril
contigo.
Sangre corre por mi cabeza
como un estigma,
clavado en tus pupilas.
Nado en la herida que me dejó
vacío.
[Puente]
[Cantar sin recibir.
La soledad del castigo,
el tiempo que fui
mensajero del destino;
un cuento de mil
deseos.
Un pasillo de mil salidas
a un nuevo mundo lleno de fantasías
que hacen que verte sea para mí
un delirio.]
{Estribillo}
{Para qué echar mierda, insisto,
insisto.} BIS
Y a mitad de camino
ya van los peregrinos;
sueños robados en un juego de niños,
sierpes de asedio,
conmigo.
Desecho moribundo,
pierdes la compostura
a cada minuto,
la rabia que perdura
a prueba de tus
escudos
[Puente]
{Estribillo}
{Estribillo}+{Solo alucinante de guitarra}
FIN
La Chica de Ayer
“Anda, mira. Si es la chica de ayer”, piensas. Y es que te la encuentras todos los días a la misma hora, en el mismo asiento de la biblioteca (pero sigue siendo la chica de ayer, desde el segundo día que te la encontraste). Obviamente no le vas a hablar, porque no la conoces de nada…¿o sí? La verdad es que te has acostumbrado tanto a verla, que te sabes de memoria sus gestos, sus miradas y, casi casi, sus pensamientos. Por tanto, se podría decir que, en realidad, la conoces. Aunque sea un poco…¿no? La cuestión, desde un punto de vista sociológico, es: ¿En qué momento La Chica de Ayer pasa de ser otra chica de biblioteca más, a ser alguien significativo para ti?; es decir, ¿cuál es el punto de inflexión entre lo desconocido y lo conocido a nivel personal?; o en idioma entendible: ¿Cuál es el jodido momento perfecto para hablarle? Lógicamente, no eres la única persona en estas circunstancias. Muy probablemente, cientos de estudiantes de tu ciudad se encuentren en la misma situación y, en general, miles de personas en el mundo. Gente que se encuentra en el metro, en el autobús, en la facultad, en el cine o en los baños de una discoteca (a decir verdad, este último es un mal ejemplo). Encuentros que, a pesar de nuestra crédula visión del destino, son fruto del azar, al 99% de probabilidad. Pero nos esforzamos en creer que “ALGUIEN” o “ALGO” ha sido capaz de manipular la realidad espacio-temporal para que se produzcan. Así, fantaseamos con el ENCUENTRO DEFINITIVO; el día en el que, por fin, ella se acercará y te dirá, con voz tímida: “Tú eres el chico de ayer, ¿verdad?”. Tu corazón se acelera y tus pupilas se dilatan. Te tiemblan las manos y tus pies empiezan a bailar Drum&Bass como una hoja enganchada en el saliente de una ventana, epiléptica por el roce del viento. Susurras: “Tú también eres mi chica de ayer”. Y es entonces cuando el tío que se sienta delante de ti (un estudiante de 6º de Derecho, con más barba que Gandalf y un libro que dice “Derecho Romano: Tomo 1”) te mira con cara de: “¿Tu chica de ayer?, WHAT?”. Y vuelves al mundo real; el de los pies fríos, la cabeza caliente y el corazón roto.
En fin. Qué le vamos a hacer. La vida es un camino de rosas y tú te empeñas en ir descalzo, clavándote todas las espinas. Por lo que, “ponte los botines, lávate la cara, desayuna algo, tira los clínex y coge las llaves. Sal de casa, no seas flojo, levanta la cabeza y mira a la gente a los ojos, siempre”. Quizás mañana vuelvas a encontrarte a La Chica de Ayer y, esta vez, tengas cojones de plantarle cara y decirle: “Perdona, ¿tienes fuego?”.
Horror Vacui - The Electric Company ( Torne, c3os & Donkey Hotel)
Un elefante en una pecera
Hoy es uno de esos días en los que tengo ganas de hacer muchas cosas.
Hoy tengo ganas de llorar con una canción.
Hoy tengo ganas de que una persona salga de mi vida, y otra nueva entre.
Hoy tengo ganas de ti, de mí.
Hoy tengo ganas de un apretón de manos sincero; y de no tener miedo a decir "siempre".
Hoy tengo ganas de ser más libre que ayer, pero no menos que mañana.
Hoy tengo ganas de que me tengas ganas.
Hoy tengo ganas de que no sea más fácil encontrar un arma que un médico.
Hoy tengo ganas de ducharme con agua fría y sentir como todos los poros de mi piel se levantan pidiendo calor.
Hoy tengo ganas de ser una lombriz con alas y así poder remover cielo y tierra para encontrarte.
Hoy tengo ganas de que mañana no sea otro día.
Hoy tengo ganas de silencio absoluto. Y que lo único que pueda escuchar sea el latido de un corazón enamorado.
Hoy tengo ganas de ganas.
Hoy tengo ganas de todo, y de nada.
Canción a un triste tigre (Canción, con música)
Ven a ver
y mírate
en el espejo.
Piensa bien
si de verdad quieres ser
lo que estás viendo.
Cógeme
de la mano
sin ir más lejos.
Quédate
entre mis brazos
y empieza de nuevo
Coge el tren, haz las maletas,
tu oportunidad no espera.
Deja tu jardín.
Las flores mienten. No te entretengas.
Y hazte a la idea, que en este planeta
no existen caminos, tú eres la veleta
del triste tigre hacia la ciudad secreta
de tu alma.
Cómete el tiempo con una cerveza.
Dispara cañones de tu fortaleza.
Mira las huellas
y olvídalas.
Te estaré esperando en la plaza, repleta
de gente demente navegando a ciegas
con una rosa roja
en mi chaqueta.
y mírate
en el espejo.
Piensa bien
si de verdad quieres ser
lo que estás viendo.
Cógeme
de la mano
sin ir más lejos.
Quédate
entre mis brazos
y empieza de nuevo
Coge el tren, haz las maletas,
tu oportunidad no espera.
Deja tu jardín.
Las flores mienten. No te entretengas.
Y hazte a la idea, que en este planeta
no existen caminos, tú eres la veleta
del triste tigre hacia la ciudad secreta
de tu alma.
Cómete el tiempo con una cerveza.
Dispara cañones de tu fortaleza.
Mira las huellas
y olvídalas.
Te estaré esperando en la plaza, repleta
de gente demente navegando a ciegas
con una rosa roja
en mi chaqueta.
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